Infancia en "Manada"
Don Edwin creció en una familia de 14 hermanos en La Pita de Turrubares, en un ambiente de carencias materiales pero de una unión inquebrantable. Sus recuerdos evocan la humildad rural más pura, como dormir en "manteados" —telas gruesas usadas para secar granos— en la sala de su casa. A los 14 años, cambió los cuadernos por el balde de leche, ganando sus primeros 25 colones por semana para ayudar a los suyos.
La Cosecha del Campo
Toda su vida ha estado ligada a la tierra, sembrando frijoles, maíz y caña. Conoce profundamente el esfuerzo que requiere el surco y la satisfacción que brinda una buena cosecha. Aunque en su juventud disfrutó de los bailes y las rocolas "con salsa y carajillo", siempre mantuvo un fuerte sentido de pertenencia hacia sus raíces y una valoración profunda por la libertad que le brindó su soltería.
Sabiduría y Nostalgia
Sus recuerdos más brillantes son las tardes de verano en las pozas de los ríos, lanzándose de cabeza con amigos mientras comían guayabas silvestres. Evoca con nostalgia los "Rezos del Niño", verdaderas fiestas comunitarias con chicha de maíz, bizcocho y música de acordeón. Para Don Edwin, estas tradiciones representan una sana convivencia que contrasta con las preocupaciones del mundo moderno.
Un Oasis de Paz
Hoy, Don Edwin se siente plenamente integrado en su nuevo hogar, describiendo el trato del personal como el de una verdadera familia. Ha pasado de una vida de trabajo físico arduo a una etapa de contemplación y paz espiritual, manteniéndose conectado con sus raíces a través de las visitas de sus sobrinos. Es un hombre sociable que disfruta de la serenidad que, según él, finalmente lo "alcanzó".